Juan Ramón Pons
Hace
casi dos mil años, un barco navegaba por las aguas de Mallorca cargado de
mercancías procedentes de muchos lugares del “Mare Nostrum”. Nunca llegó
a puerto. El buque naufragó, la arena y el mar lo preservaron durante siglos
como si fuera un ser durmiente que esperaba el momento de volver a salir a la
luz. Ese instante llegó de forma fortuita, cuando un buceador de la zona
descubrió sus restos. Aquel hallazgo dio lugar a uno de los descubrimientos arqueológicos
subacuáticos más importantes no solo para las Islas Baleares sino también para
la arqueología española. El Pecio Romano de Ses Fontanelles.
Desde
Mis Rincones de las Baleares te invitamos a descubrir la historia de
este pecio, a adentrarnos en algunos aspectos de la presencia de Roma en las
Islas y a conocer un patrimonio excepcional que muy pronto podremos contemplar
de cerca.
La
posición estratégica de Mallorca en el Mediterráneo ha convertido a la isla,
desde la Antigüedad, en un enclave privilegiado para el comercio. Durante la
época romana, numerosas embarcaciones recorrían sus aguas transportando todo
tipo de mercancías entre los diferentes territorios del Imperio.
La
importancia de las ánforas en el comercio romano fue tan grande que, en la
propia Roma, los restos de millones de recipientes desechados acabaron formando
el actual Monte Testaccio, una colina artificial que
constituye uno de los mejores testimonios del intenso intercambio comercial que
articuló el Imperio.
Cada
ánfora no era únicamente un recipiente destinado al transporte de mercancías.
En la actualidad, representa una valiosa fuente de información para los
arqueólogos, ya que su estudio permite conocer el origen de los productos que
contenía, reconstruir las rutas comerciales e incluso comprender mejor las
relaciones económicas que unían los distintos territorios dominados por los
estandartes romanos.
¿Cómo
pasó Mallorca a formar parte de la órbita de Roma?
Tradicionalmente,
muchos especialistas han considerado el año 123 a. C. como la fecha en que las
Baleares pasaron a formar parte del mundo romano, tras la expedición del cónsul
Quinto Cecilio Metelo, quien recibió por ello el cognomen Balearicus. Sin
embargo, las fuentes muestran una realidad más compleja, ya que Ibiza, Mallorca
y Menorca siguieron procesos diferentes de integración en la orbita de Roma.
Ebusus
(Ibiza), antigua
aliada de Cartago dentro del contexto de la II Guerra Púnica, acabó por firmar
un foedus (tratado) con Roma. Gracias a este acuerdo conservó parte de
sus instituciones, sus costumbres y facultad de acuñar moneda propia con la
imagen del dios Bes, disfrutando de un estatus privilegiado dentro del mundo
romano.
Mallorca
y Menorca siguieron
un camino distinto. Según Estrabón. la actividad pirática que llevaban a
cabo los habitantes de las Gimnesias contra las naves que surcaban el
Mediterráneo fue uno de los motivos que impulsó la expedición romana. Las
fuentes también nos cuentan que Quinto Cecilio Metelo ordenó proteger sus
embarcaciones con pieles para amortiguar el impacto de los proyectiles lanzados
por los célebres honderos baleares, cuya destreza era tan reconocida que los
propios romanos llegaron a incorporarlos como tropas auxiliares del ejército.
La
conquista supuso la incorporación definitiva de Mallorca a la orbita romana y
permitió asegurar el control de una posición estratégica en el Mediterráneo
occidental. Poco después, se fundaron las ciudades de Palma y Pollentia, pobladas
por colonos procedentes de la Península Itálica, que se convirtieron en
principales núcleos urbanos de la isla. Junto a ellas, las fuentes clásicas nos
hablan de la existencia de Bochoris, que disfrutó de un estatus
privilegiado similar al de Ebusus y destacó por la explotación de murex,
un molusco del que se obtenía la preciada purpura. También aparecen citadas Guium
y Tuccis, cuya localización en la actualidad siguen siendo de objeto de
investigación por parte de los arqueólogos e historiadores.
En
la actualidad, Pollentia constituye el principal yacimiento romano de Mallorca.
Más de uno siglo de excavaciones arqueológicas han permitido conocer el
urbanismo de la ciudad, su foro, su teatro, su muelle y numerosos edificios
tanto públicos como privados, convirtiéndose en una referencia imprescindible
para comprender la presencia romana en la isla. Si deseas profundizar en su
historia y conocer mejor su importancia puedes leer el artículo que dedicamos a
Pollentia en: Mis Rincones de las Baleares:
Pollentia, el legado de Roma en Mallorca. Así mismo, os
invitamos a que si queréis aprender más sobre la romanización en Mallorca,
podéis leer la entrevista que realizamos al profesor Enrique García Riaza del Departamento de Historia de la
Universidad de las Islas Baleares en Revista Plural.
La
consolidación de estos núcleos urbanos y la posición estratégica de Mallorca
favorecieron la integración en las grandes rutas comerciales del Mediterráneo.
Mercaderes y embarcaciones recalaban con frecuencia en la isla transportando
vino, aceite, salazones y otros productos procedentes de distintos territorios
del Imperio.
Las
aguas de Mallorca conservan un extraordinario patrimonio arqueológico
subacuático. Además del pecio de Ses Fontanelles, se conocen otros yacimientos
de gran interés localizados en las proximidades de Cala Sant Vicenç, en el
norte de la isla en cuyo fondo del mar descansa un barco griego del siglo IV a
C; y la embarcación romana que hay en las proximidades de Porto Cristo del
siglo I, concretamente, de la época del mandato del Emperador Nerón, conocido
como “el Pecio de Ses Llumetes” por el importante conjunto de
lucernas que transportaba el navío.
Estos
hallazgos evidencian la intensa actividad comercial y marítima que caracterizó
Mallorca durante la antigüedad. Precisamente, en este contexto nos
adentramos en la Historia del pecio romano de Ses Fontanelles.
El
Pecio de Ses Fontanelles:
Es
en este contexto comercial donde debemos situar el pecio romano de Ses
Fontanelles, un hallazgo que ha permitido conocer con extraordinario
detalle cómo era el comercio en el Mediterráneo durante la Antigüedad tardía.
Su descubrimiento se produjo de forma fortuita.
En
2019 un buceador descubrió en Ses Fontanelles (Platja de Palma) unos restos de
madera sumergidos que, tras las primeras investigaciones resultaron pertenecer
a un barco romano.
El
29 de junio de 2026, este barco emergió de las aguas para iniciar las tareas de
conservación y restauración del barco. Para ello, se introducirá el buque en un
tanque de desalinización durante un año y medio, un proceso imprescindible para
su conservación.
El
barco data del siglo IV. Las condiciones del fondo marino, con poca presencia
de oxígeno y cubierto por la arena, favorecieron una conservación excepcional
del velamen, los cordajes, el calzado, las herramientas de carpintero naval y
el ancla del buque.
También
se ha conservado de forma intacta su cargamento y allí se han encontrado las
ánforas que conservan el Titulus Pictus, es decir, inscripciones
pintadas que nos aportan información sobre el contenido, el origen y el destino
de las mercancías. Dentro de las ánforas
se han encontrado vino, aceite y salazones de pescado procedentes de la zona
del sur de Hispania.
La
composición del cargamento demuestra que Mallorca no era un territorio periférico,
sino un puerto plenamente integrado en las redes comerciales del Mediterráneo
romano en la Antigüedad tardía.
En
el siglo IV, el Mediterráneo era una importante arteria comercial para el
Imperio Romano, desde ciudades como Cartago Nova, Tarraco, Baelo Claudia y
Gades, los navíos hispanos abastecían las Islas Baleares y el resto de las
provincias.
El
barco mide aproximadamente 12 metros de eslora y 6 metros de manga. Su
extraordinario estado de conservación ha sido posible gracias a la ausencia de
oxigeno (ambiente anóxico) del fondo arenoso, que actuó como una capa
protectora que durante siglos ha protegido el barco como una auténtica cápsula
del tiempo.
En
2024, durante las labores de excavación, los arqueólogos localizaron una moneda
acuñada en Siscia (actual Sisak en Croacia). A primera vista podría parecer un
hallazgo más dentro del cargamento, sin embargo, para la arqueología y la
numismática estas piezas son auténticos marcadores cronológicos. Gracias a su
estudio se ha podido datar el pecio en la época de los Emperadores Licinio y
Constantino “El Grande”, lo que nos permite fechar el pecio en torno al
año 320.
La
moneda apareció junto al mástil del barco, circunstancia que ha llevado a
plantear la posibilidad de que se tratara de una ofrenda relacionada con la
navegación, aunque esta interpretación sigue siendo objeto de estudio.
Aquel
barco que nunca llegó a completar su travesía continúa hoy navegando, no sobre
las aguas del Mediterráneo, sino a través de la investigación arqueológica, la conservación
del patrimonio y el trabajo de los arqueólogos. Esperemos que pronto podamos contemplar
esta extraordinaria joya arqueológica expuesta al público.
Para más información:
Casesnoves,
M. À. (2007). Història de les Illes Balears. Palma de Mallorca : Moll.
Departament de Cultura. (10 de marzo
de 2026). Consell de Mallorca. Recuperado el 14 de julio de 2026, Consell de
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Excepcional: El pecio de Ses Fontanelles
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Plural: Enrique García
Riaza: "Soy un enamorado de la Historia al que le gusta compartir su
entusiasmo con sus alumnos
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ. (8 de marzo de
2022). UNIVERSIDAD DE CÁDIZ. Recuperado el 14 de julio de 2026, de EL
PECIO DE SES FONTANELLES, UNO DE LOS BARCOS HUNDIDOS MÁS IMPORTANTES DEL
MEDITERRÁNEO: El Pecio
Tardorromano de Ses Fontanelles, uno de los barcos hundidos más importantes del
Mediterráneo
