José María Ibáñez
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| Foto: www.voceanationala.ro |
El
suceso ocurrió en 2004 en la población rumana de Marotinu de Sus, una pequeña aldea del distrito de
Dolj, en el suroeste de Rumanía. Seis personas de la misma familia exhumaron el cadáver de Toma Petricä,
porque creían que se había convertido en un strigoi. Recordemos que el strigoi
es una de las criaturas más fascinantes y antiguas del folclore rumano. No son
exactamente “vampiros” al estilo de Drácula, aunque comparten algunos rasgos.
Representan el miedo ancestral a los muertos que no descansan y a los espíritus
que regresan para perturbar a los vivos. Se les atribuían enfermedades, mala
suerte o la sensación de que un difunto seguía “visitando” a la familia. Estas
creencias ancestrales son anteriores a la popular figura literaria del vampiro
y muy distintas del Drácula de Bram Stoker.
Según
el expediente policial, los seis detenidos, abrieron la tumba de noche,
exhumaron el cadáver, lo quemaron y mezclaron sus cenizas con agua y dieron a
beber la mezcla a una joven de la familia que estaba enferma, como parte del
ritual para “romper la maldición”. Los seis familiares fueron detenidos y
juzgados por la profanación de la tumba y otros delitos. La familia se defendió alegando que había actuado por miedo y siguiendo tradiciones ancestrales.
Los
seis acusados fueron declarados culpables de profanación de tumba y condenados
a penas de prisión suspendida, lo que significa que no entraron en la cárcel.
También se les impuso multas económicas. El tribunal consideró que actuaron
movidos por creencias tradicionales, no por ninguna intención criminal
violenta.
El
suceso generó un debate nacional en Rumanía sobre la persistencia de creencias
rurales en pleno siglo XXI, y un enorme escándalo que apareció publicado y
seguido con atención por los más importantes medios de comunicación internacionales.
Las
autoridades rumanas usaron el incidente como ejemplo de la necesidad de
educación y modernización, especialmente porque ocurrió mientras el país
negociaba su entrada en UE.
Recordemos
que, la presencia de “vampiros” en los cementerios de Rumanía no forma parte de
la realidad actual, pero sí de una tradición folclórica muy arraigada, ya que
los strigoi, espíritus o muertos inquietos, según las creencias rurales,
podían regresar de su tumba y causar desgracias. Estas historias han dado lugar
a episodios reales de exhumaciones y rituales, especialmente en zonas rurales.
Se les atribuían enfermedades, mala suerte o la sensación de que un “difunto”
seguía visitando a la familia.
Aunque
en la actualidad estos casos son extremadamente raros, existen episodios bien
documentados en los que aldeanos realizaron rituales para “detener” a un
supuesto vampiro. Pero, ¿hay vampiros hoy en día en los cementerios rumanos?
No. Lo que persiste es el folclore tradicional muy arraigado en zonas rurales,
el turismo mediático en torno a Drácula, y casos aislados de rituales motivados
por las creencias ancestrales.
FUENTES CONSULTADAS:
*www.prensa.com
*www.pbs.org
*www.independent.co.uk
*La
Mano Negra.

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