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| Foto: www.expansion.com |
José María Ibañez
Si tienes programado un viaje a la ciudad croata de Zagreb,
no te olvides de visitar el Museo de las Relaciones Rotas. Se trata de una curiosa
exposición que contiene objetos reales donados por personas tras el final de
una relación. Cada objeto se acompaña de un comentario o una breve historia,
íntima y a veces un tanto desgarradora.
El espacio exhibe objetos personales donados por personas de
todo el mundo, cada uno con una historia que explica su significado. Nació como
una exposición itinerante y desde 2010 cuenta con una sede permanente. Fue
creado por los artistas croatas Olinka Vištica y Dražen Grubišić. Ambos crearon
el proyecto tras terminar su propia relación y transformaron la idea en un
museo reconocido internacionalmente.
El museo está repleto de objetos memorables. Es único en el
mundo, perfecto si te interesa la psicología, las emociones humanas y las historias
reales. Ofrece una forma creativa de reflexionar sobre el amor, la pérdida y la
memoria. Puedes incluso donar un objeto si deseas compartir tu propia historia.
Estas son tres de las historias más famosas, queridas y
comentadas por los visitantes del museo. Son relatos reales donados junto con
los objetos expuestos, y se han convertido en clásicos de la exposición por su
mezcla de humor, dolor y humanidad.
El hacha de la venganza amorosa es, probablemente, el objeto
más célebre del espacio museístico. Una mujer donó el hacha que había usado
para destrozar los muebles de su exnovia después de que ésta la dejara por otra
persona. Cada día, mientras la ex estaba de vacaciones con su nueva pareja, la
donante destruía un mueble distinto, como una especie de terapia catártica.
Cuando terminó, dijo que se sintió “liberada”. El hacha se convirtió en un símbolo
del museo; crudo, honesto y sorprendentemente humorístico.
El osito de peluche que sobrevivió a un amor imposible. Es un
clásico emocional de la exposición. Un hombre donó un peluche que le regaló su
pareja durante una relación a distancia. El muñeco lo acompañó durante años,
incluso después de que la relación se desvaneciera por la imposibilidad de
verse. El texto que lo acompaña es breve y devastador. “Este osito escuchó
todas mis esperanzas. Ahora ya no tiene a quién escuchar”. Es uno de los
objetos que más conmueve a los visitantes.
La barra de chocolate sin abrir. Es una historia tan triste
como tierna. Un hombre guardó durante décadas una barra de chocolate que le
regaló una chica que le gustaba cuando era joven. Nunca se atrevió a
declararse, y la vida los llevó por caminos distintos. Cuándo donó el chocolate,
escribió. “Nunca lo abrí. Era lo único que tenía de ella”. El chocolate, intacto
pero envejecido, se ha convertido en un símbolo de los amores que nunca
llegaron a ser.
El museo está lleno de otros objetos memorables. Por ejemplo,
el frasco con lágrimas reales guarda una historia triste y extraña. Una mujer
donó un pequeño frasco lleno de las lágrimas que lloró durante su ruptura. Literalmente
las recogió mientras lloraba, como si quisiera conservar la prueba física de su
dolor. Es uno de los objetos más impactantes por su mezcla de vulnerabilidad y
rareza.
El abrigo de piel que nunca se devolvió, es la historia de
una mujer que regaló a su pareja un abrigo caro. Cuando él la dejó, se negó a
devolvérselo, así que ella donó al museo la percha vacía, acompañada de un texto
que decía: “Esto es todo lo que quedó de aquella relación”.
La cuchara de helado robada. Una chica confesó que, tras una
ruptura, se llevó una cuchara de helado del restaurante donde solían ir juntos.
La historia termina con humos: “No sé por qué la robé. Supongo que quería
llevarme algo dulce de una relación amarga”.
La prótesis ortopédica. Un hombre donó la prótesis de la
pierna de su exmarido. La explicación es breve y brutal: “Él se fue. La pierna
de quedó”. Es uno de los objetos más fotografiados por su mezcla de humor negro
y tristeza.
La tostadora secuestrada. Tras una amarga ruptura, una mujer
se llevó la tostadora de su ex como acto simbólico. La nota dice: “Me quedé con
la tostadora porque él se quedó con mis ganas de desayunar con alguien”.
El vestido de novia nunca usado. Una mujer donó su vestido de
boda, completamente nuevo. La boda se canceló a pocos días del evento. La
historia que lo acompaña es corta: “Nunca lo usé. Nunca supe por qué se fue”.
La PlayStation que sobrevivió a la relación. Un chico donó
una PS2 que su ex odiaba porque “le dedicaba más tiempo que a ella”. Cuando la
relación terminó, él escribió: “Ella se fue. La PlayStation y yo seguimos
juntos”.
El rompecabezas incompleto. Una pareja solía montar
rompecabezas juntos. Tras la ruptura, él donó uno con una pieza menos,
acompañado de la frase: “Nunca encontramos esa pieza. Tampoco lo que nos
faltaba a nosotros”.
El collar de perro que se quedó con el ex. Una mujer donó el
collar de su perro, que se quedó con su ex tras la separación. La nota dice: Perdí
a mi pareja y a mi mejor amigo”.
El peluche que escuchó todas las discusiones. Es un pequeño
oso de peluche que pertenecía a una mujer que discutía constantemente. El texto
decía: “Este oso lo escuchó todo. Ojalá no hubiera escuchado tanto”.
Sin duda, visitar el Museo de las Relaciones Rotas es una
buena opción para gozar de un turismo diferente. El espacio museístico ganó el
Premio Kenneth Hudson al museo más innovador de Europa en 2011. Tiene tienda de
recuerdos, cafetería y restaurante.
FUENTES CONSULTADAS:
*es.wikipedia.org
*www.telemadrid.es
*brokenships.com
*www.hola.com
*Archivo de Historias Olvidadas.

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