José María Ibáñez

Foto: historia.nationalgeographic.com.es
Fue uno de los cuerpos más
temidos durante la Segunda Guerra Mundial; un regimiento soviético compuesto
exclusivamente por mujeres aviadoras que realizó misiones de bombardeo nocturno
contra las tropas nazis. Eran las “Brujas de la Noche”. Su mítica historia
combina audacia, precariedad tecnológica y una enorme carga simbólica.
Formaban parte del 588º
Regimiento de Bombardeo Nocturno, creado en 1941 por iniciativa de la célebre
aviadora Marina Reskova. En 1943 recibieron el rango de Guardia y pasaron a
llamarse 46º Regimiento de Bombardeo Nocturno de la Guardia “Taman”. La mayoría
de sus integrantes eran jóvenes de unos veinte años, muchas estudiantes
universitarias de ciencias que se ofrecieron voluntarias para combatir.
Volaban en biplanos Polikarpov
Po-2, el mítico Kukurúznik,
aviones de madera y lona diseñados originalmente para entrenamiento y
fumigación. Eran lentos, vulnerables y apenas podían cargar dos bombas por
vuelo. Precisamente esa precariedad se convirtió en ventaja; podían volar muy
bajo, maniobrar con agilidad y apagar el motor antes de atacar, planeando en
silencio sobre las posiciones alemanas.
Los soldados nazis señalaban que
el sonido del viento en las alas les recordaba el barrido de una escoba, de ahí
el apodo de “Nachthexen” (Brujas de la Noche). Efectuaron más de veintitrés mil
misiones y lanzaron alrededor de tres mil toneladas de bombas. Su táctica de
hostigamiento nocturno generaba un enorme desgaste psicológico en las tropas
enemigas que nunca sabían cuando llegaría el siguiente ataque. Estamos ante la
unidad femenina más condecorada de la Fuerza Aérea Soviética; veintitrés de sus
integrantes recibieron el título de Heroína de la Unión Soviética.
Desafiaron los prejuicios de la
época, demostrando que las mujeres podían combatir en primera línea con la
misma eficacia y valentía que los hombres. Su historia ha sido recuperada,
destacando tanto su papel militar como su impacto en la memoria histórica y el
auténtico feminismo.
Estas son algunas de las “brujas”
más destacadas. Marina Reskova, la fundadora. Conocida como la “Amelia Earhart
soviética”. Fue la impulsora de los tres regimientos femeninos de aviación,
incluido el 588º. Falleció en 1943 durante un aterrizaje forzoso y recibió un
funeral de Estado, el primero de la contienda mundial para una mujer.
Yevdokiya Bershanskaya, la comandante.
Líder del regimiento durante toda la Segunda Guerra Mundial. Única mujer en
recibir la Orden de Suvórov, una de las máximas distinciones soviéticas. Su
liderazgo fue clave para convertir la 588º en la unidad femenina más
condecorada de la URSS.
Yevgeniya Rudneva, la astrónoma
navegante. Jefa de navegación del regimiento y experta en astronomía. Fue
reconocida como Heroína de la Unión Soviética a título póstumo tras ser derribada
en 1944. Ella misma, contaba que “una noche que la brújula se averió en pleno
vuelo, en vez de abortar la misión, navegué guiándome por las estrellas, como
si estuviera en un velero del siglo XVIII”. Ella y su navegante alcanzaron el
objetivo y regresaron sin cometer un solo error.
Natalya Meklin, voló en más de
novecientas ochenta misiones, una cifra extraordinaria incluso dentro del
regimiento. Recibió el título de Heroína de la Unión Soviética y la Orden de
Lenin. Comenzó como navegante y luego pasó a piloto, demostrando una
versatilidad excepcional. En una ocasión Meklin, regresó de la misión con el
avión tan dañado que solo una rueda funcionaba. Aterrizó inclinando el biplano
sobre el ala para compensar la falta de apoyo. Cuando sus compañeras corrieron
hacia ella, la encontraron riéndose: “Bueno, al menos, no tendremos que reparar
dos ruedas”.
Rufina Gasheva, completó
ochocientas cuarenta y ocho misiones nocturnas. También fue condecorada cono
Heroína de la Unión Soviética y también se convirtió en símbolo del regimiento.
Fue alcanzada nueve veces durante la guerra. En una de ellas, el avión ardió
parcialmente y aun así logró completar la misión. Cuando aterrizó, dijo: “Si el
Po-2 no se cae, yo tampoco”.
Una táctica muy utilizada por las
“brujas” consistía en que dos aviones atraían a los reflectores y al fuego
antiaéreo, mientras un tercero se deslizaba en silencio hacia el objetivo con
el motor apagado. Los enemigos comentaban que era como si “tres brujas” volaran
juntas: dos visibles y una invisible.
Dicen que la intensidad de una
misión de las Brujas de la Noche se entiende mejor si seguimos un episodio
completo, desde el momento en que recibían la orden hasta el regreso finalizada
la misión. Las anécdotas que dejaron sus pilotos permiten reconstruir una de
ellas con bastante facilidad.
Esta es la historia de la noche
en que todo salió mal y aun así cumplieron con la misión encomendada. Una de
las anécdotas más recordadas es la protagonizada por Rufina Gaševa y su
navegante Irina Rákobolskaya, que vivieron una misión donde cada paso parecía
destinado al desastre.
El aeródromo improvisado estaba
cubierto de barro y el viento soplaba de lado. El Po‑2, ligero
como un cometa, se sacudía incluso antes de despegar. Gaševa contaba que, al levantar el vuelo, el avión “parecía
una hoja seca intentando no romperse”.
A mitad de camino, la linterna
roja de la navegante falló. Rákobolskaya tuvo que seguir el rumbo memorizando
el mapa y usando el brillo tenue del horizonte para orientarse. No podían
encender ninguna luz: un simple destello podía delatarlas.
Al acercarse al objetivo, los
alemanes abrieron fuego antes de lo previsto. El Po‑2 recibió impactos en el fuselaje y una de las alas empezó a vibrar. Gaševa dijo
después que el sonido era “como si el avión protestara
por seguir volando”.
A pesar del daño, apagaron el
motor y comenzaron el planeo. El silencio era tan absoluto que podían oír el
crujido de la madera bajo sus pies. Rákobolskaya gritó la orden de lanzamiento
en el momento exacto, y las bombas cayeron sobre un depósito de munición que
explotó con un destello que iluminó el cielo.
Al intentar encender el motor,
este tardó varios segundos en responder. Cuando por fin arrancó, lo hizo con un
traqueteo irregular. Volaron de vuelta a baja altura, esquivando árboles y
evitando cualquier ruta predecible.
Al llegar al aeródromo, la rueda
izquierda no respondía. Gaševa aterrizó inclinando el avión, arrastrando el ala
dañada por el barro. Cuando se detuvieron, ambas estaban cubiertas de tierra y
humo, pero vivas. Rákobolskaya escribió después: “Nos bajamos riendo. No porque
fuera gracioso, sino porque estábamos demasiado cansadas para llorar.”
Las Brujas de la Noche eran
jóvenes de entre 18 y 22 años, con las trenzas escondidas bajo el casco, manos
congeladas y una determinación que superaba cualquier límite. Cada misión era
una mezcla de miedo, técnica, compañerismo y una valentía que hoy en día sigue
impresionando.
FUENTES CONSULTADAS:
*es.wikipedia.org.
*www.nationalww2museum.org
*wrigthmuseum.org
*www.youtube.com
*www.history.com
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