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José María Ibáñez.

viernes, 28 de diciembre de 2012

FRANK FONTAINE ¿ABDUCCIÓN O CONSPIRACIÓN GUBERNAMENTAL?

AMADO CARBONELL SANTOS

Las historia y relatos de personas que han sido raptadas por luces o energías desconocidas o ajenas a la humanidad, son tan antiguas como la propia especie humana. Algunas de estas historias concluían con el retorno de la persona desaparecida. En algunos de los casos lo hacían desnudas y con marcas o cicatrices sobre su cuerpo (un buen ejemplo es el caso de la abducción de Travis Walton el 5 de noviembre de 1975, en el condado de Snowflake, Arizona). Otras en cambio no tuvieron tanta suerte y hasta le fecha, jamás regresaron.

Todas estas crónicas han estado siempre envueltas por un halo de misterio e incertidumbre, dando lugar a desconfianzas y burlas por parte de profesionales y público en general. Una de estas historia, es el extraño caso de la supuesta abducción de Frank Fontaine, acaecida en el barrio de Cergy-Pontoise, cercano al extrarradio de París. 
Salomon D´inye, Jean-Pierre Prévost y Frank Fontaine
(Foto: loinexplicable.com.ar)

Dicho suceso nos traslada a la madrugada del domingo 25 de noviembre de 1979. Un joven Frank Fontaine que en aquella época tenía 19, iba acompañado de sus amigos Jean-Pierre Prévost de 26 años y Salomón D´inye, un senegalés de 20 años de edad. Estaban cargando el maletero de un viejo y destartalado Ford Taunus familiar, con bolsas llenas de ropas vaqueras para poder venderlas ese mismo día en el mercado de Gisors.

Una vez hubieron cargado la mercancía, los tres jóvenes entraron en el coche. Fontaine se sentó en el asiento del conductor, Prévost lo hizo en el del acompañante, y D´inye prefirió sentarse junto a las bolsas que no cabían en el maletero y habían colocado en los asientos traseros.

Frank introdujo la llave del contacto para arrancar el motor, pero al girarla no hubo ningún movimiento. Era como si la batería se hubiera descargado en pocos minutos. Prévost, molesto por la situación, giró la cabeza hacia la ventana y avistó el brillo de un objeto que era tan luminoso y grande como la Luna. Avisó a sus dos amigos para que también lo vieran, mientras la extraña luz iba descendiendo velozmente entre el grupo de edificios que les rodeaban.

Sin mediar palabra, Prévost y D´inye salieron corriendo hacia el piso donde residían, para coger la cámara fotográfica que el senegalés tenía junto a su mesita de noche. Cogieron la cámara, pero no tuvieron tanta suerte con los carretes fotográficos, pues ni Prévost ni D´inye hallaron alguno para poder inmortalizar el extraño suceso que se estaba desarrollando al otro lado de aquellos muros.
Vehículo similar al Fort Taunes que conducía Fontaine
(Foto: yclasicos.com)

Tras la impotencia de no poder realizar ninguna fotografía al misterioso objeto, Prévost asomó atónito su cabeza por la ventana que daba directamente al aparcamiento donde estaba estacionado el Fort Taunus, que estaba siendo engullido por la inmensa luz que aquel artefacto despedía mientras se posaba a poco más de doscientos metros del piso de Prévost y a pocos pasos de la puerta del copiloto del Fort

Bajaron las escaleras del edificio a gran velocidad, tratando de llegar cuanto antes para recoger a Fontaine, pero cuando llegaron una densa niebla cubría todo el vehículo y solo podían distinguir unas pequeñas esferas que flotaban a pocos centímetros sobre la carrocería de aquel viejo coche.

En el momento que decidieron armarse de valor y acercarse, la niebla comenzó a disiparse dejando entrever que la puerta del conductor estaba abierta y que Fontaine había desaparecido. Durante varias horas buscaron a su amigo por los aledaños cercanos al coche, entre los otros vehículos aparcados  y en los portales de los edificios cercanos, pensando que tal vez se habría refugiado de la cegadora luz que aquella cosa emitía, pero no hallaron ningún rastro de él.

Tras deliberar que deberían hacer, decidieron acudir a las autoridades y a las fuerzas de seguridad de Cergy-Pontoise, alegando que su amigo había desaparecido ante sus ojos. Mientras relataban su historia los agentes les escuchaban atónitos mientras se miraban unos a otros. Al finalizar la explicación, no dudaron en acusarlos del posible asesinato de Frank Fontaine.

La gendarmería de Pontoise inició una batida de búsqueda incesante que duró varios días, escudriñando cada uno de los edificios de la barriada, tratando de hallar el posible escondite de Fontaine, o el lugar donde presuntamente, sus amigos podrían haber ocultado su cadáver. Las búsquedas realizadas no aportaban datos para ayudar a esclarecer la desaparición del joven; y los intensos interrogatorios a Prévost y D´inye, tampoco ayudaban, pues mantenían la versión que habían explicado a las autoridades desde el primer momento.

Después de pasar una semana de búsquedas incesantes por parte de las fuerzas de seguridad, una llamada anónima a la gendarmería a altas horas de la madrugada del día 3 de diciembre de 1979, estremecía al agente que en aquellos momentos estaba de guardia. Un vecino había presenciado como una esfera brillante se posaba en medio de un descampado cercano a la central eléctrica adyacente a Pontoise, dejando sobre el terreno una figura delgada que encajaba con las descripción de Fontaine, facilitada por los medios de comunicación unos días antes.

Para Frank Fontaine, que no sabía lo que había ocurrido ni como había llegado a ese lugar, todavía era la madrugada del 25 de noviembre. Llevaba la misma ropa y el mismo dinero que el día de su desaparición, lo que le desconcertaba era que una barba de una semana cubría su rostro. Los agentes no tardaron en personarse en el lugar de la reaparición de Fontaine, llevándolo escoltado dentro de un furgón policial hasta las dependencias de la gendarmería, donde prestaría declaración delante del comandante Courcouse.

Fontaine insistía que no había ido a ninguna parte y que el día era el 25 de noviembre de 1979. Convencido de que los gendarmes intentaban tomarle el pelo, se negó a hablar con nadie más. A primera hora de la mañana, los medios de comunicación irrumpían en la gendarmería buscando alguna noticia o declaración de Fontaine, bombardeándole con preguntas que no sabía muy bien como responder. Únicamente recordaba que estaba sentado en el asiento del conductor del Fort Taunus, avistó junto a sus amigos una extraña luz que descendía hacia ellos, y poco después se encontró de píe en un descampado sin estar seguro de como había llegado allí.
Fontaine entresvistado por los medios de comunicación
(Foto: forum-ovni-ufologie.com)

Investigadores, periodistas, ufólogos y curiosos se interesaron por la historia, hasta llegar al punto de tergiversar las declaraciones de Fontaine para infundir morbo e interés a los espectadores que estaban expectantes a cualquier nueva noticia del caso OVNI más importante del momento.

Algunos de los ufólogos más importantes de Francia se daban cita con Fontaine para tratar de obtener alguna declaración, pero éste seguía negándose a hablar, pues no era totalmente consciente de lo que le había sucedido. Aceptó someterse a una sesión de regresión hipnótica, en la cual relataba que se había encontrado tendido sobre una camilla dentro de una extraña sala completamente blanca, y recordaba que unos "seres" iban y venían a su alrededor. No consiguió recordar mucho más. Tras este hecho, iban pasando los días y el interés del encuentro de Frank Fontaine con los supuestos extraterrestres, se iba convirtiendo en una mera anécdota de la ufología francesa. 

Durante algunos meses, el GEPAN (Grupo de Estudios de Fenómenos Aeroespaciales) liderado y financiado por el gobierno francés para la investigación del fenómeno OVNI en tierras galas, determinó que el suceso que envolvía el relato vivido por Frank Fontaine era una mera farsa, dado que las pruebas aportadas por los tres protagonistas, no eran concluyentes para dar fe de que habían tenido un contacto real con algún Objeto Volante No Identificado y con sus supuestos tripulantes.

Poco tiempo después de esta publicación, Jean-Pierre Prévost hizo unas declaraciones que volverían a remover las noticias que giraban en torno a Fontaine. Alegaba que había sido contactado presuntamente por una entidad alienígena que se hacia llamar Haurio. Lo describía como un ser humanoide de gran estatura y cabellos rubios.

Según declaraba Prévost, el ser contactaba con él mediante mensajes telepáticos, hasta que según contó a la prensa francesa, que Haurio le había comunicado que una oleada OVNI aparecería sobre la población de Cergy-Pontoise, concretamente la noche del lunes 15 de agosto de 1983  y que transmitiría un mensaje de paz a la humanidad, para evitar de este modo su propia autodestrucción por el uso masivo de las armas atómicas.
Numerosas personas esperaban la llegada de los
extraterrestres que Prévost había profetizado.
(Foto: dowi.com)

Muchas personas se sintieron identificadas tras escuchar este comunicado, viéndose obligadas a abandonarlo todo y a encaminarse junto a sus familias en un viaje hacía el lugar donde los extraterrestres vendrían a darnos un mensaje para crear un mundo mejor.

Y realmente así ocurrió según un miembro del GEPAN, Jean-Claude Sinoun. Había muchísimas personas reunidas y mirando al unísono hacía la inmensidad de la noche; los niveles de nerviosismo eran tan elevados que cualquier mínima luz de un avión que se moviera en el cielo, provocaba la histeria general y la gente gritaba: ¡Son ellos!... ¡¡¡Están llegando!!!

Durante el amanecer del día 16 de agosto, los asistentes recogían sus efectos personales desilusionados y con la sensación de haber sido engañados. Ningún OVNI apareció sobre los cielos de Cergy-Pontoise aquella noche.

Finalmente, a finales de 1983, al ver que la farsa de la oleada OVNI se desmontaba, Prévost confesó que todo había sido una gran farsa y que él era el cabecilla del grupo; el que se lo había inventado todo, desde la abducción de Fontaine hasta el mensaje de paz de su amigo alienígena Haurio. Aunque según la opinión del ufólogo francés Jimmy Guieu, el único mentiroso en esta trama ufológica era el propio Prévost, intentando crear una cortina de humo bajo las órdenes del gobierno francés, y tratar de despistar de ese modo a la opinión pública.

Meses después, Jean-Pierre Prévost, fundaría su propia secta en la Bretaña francesa, a la cual denominaría como "Spiral". Dicha secta estaba liderada por el propio Prévost y por un renombrado arquitecto que aceptó colaborar en su causa; tratar de vender casas "domo", que no eran más que casas unifamiliares diseñadas para tener la forma de un "platillo volante", y que supuestamente estaban situadas en puntos estratégicos para quedar a salvo cuando el holocausto final comience y arrase la faz del planeta.

Y hay que decir que vendiendo algunas de estas viviendas a las familias que se habían dejado engatusar por el don de palabra de Prévost, hicieron que la secta se mantuviera activa durante algunos años, pero el tiempo hizo mella y terminó por disolverse; al mismo tiempo que Jean-Pierre Prévost desaparecía para siempre del mundo de la parapsicología francesa y de los focos de los medios de comunicación.

El famoso y renombrado ufólogo francés Jacques Vallée, tenía la certeza de que Frank Fontaine había sido el títere involuntario de un complot orquestado por el servicio secreto francés, a manos de su propio gobierno. Según su opinión, habrían drogado y extraído a Fontaine del coche, sin que en realidad nunca supiera lo que le estaba sucediendo. Vallée afirmaba haber tenido una entrevista con un hombre que se hacia llamar señor "D", el cual se autodenominaba como miembro de los servicios técnicos de ingeniería táctica francesa. Éste, supuestamente le contó la verdadera historia del secuestro de Fontaine a cambio de poder seguir manteniendo  su identidad en el anonimato.
Portada del libro publicado
por Jacques Vallée
(Foto: amazon.es)

Ante esta gran oportunidad de obtener una valiosa información, Vallée aceptó sin apenas pensarlo y escuchaba atentamente todo lo que el señor"D" le iba contando delante de la grabadora magnetofónica... "El caso de Frank Fontaine no fue más que un experimento íntegramente de carácter social, para comprobar como reaccionaría la gente de a píe del país, ante la fenomenología OVNI, e incluso para poder llegar a desprestigiar dicho fenómeno". Cabe decir que muchos expertos niegan la certeza de esta historia por no tener una base tangible en la que sustentarse. Pero, realmente, si que la tenía...

En el transcurso del año 1979, el presidente Giscard D´Estaing, estaba al frente del gobierno francés, el cual estaba rodeado por un halo de malestar social que hacia peligrar su puesto en la presidencia del país, pues el presidente D´Estaing había aceptado unos diamantes que el dictador africano Bokassa (conocido señor de la guerra y antropófago confeso) le habría regalado como obsequio de muestra de amistad entre los dos dignatarios.

El caso de Fontaine podría haber sido la artimaña perfecta para desviar la atención de un país enfurecido con su propio gobierno, y mostrarle un hecho con el que sentir la sed de averiguar sobre los misterios del fenómeno OVNI, y de las experiencias vividas por un joven que se vería inmerso en un montaje tan grande, como complejo y refinado.

Las preguntas que siguen haciéndose todos los investigadores y ufólogos que siguieron de carca el caso, son... ¿Frank Fontaine vivió realmente un episodio de abducción , llevada a cabo por entidades ajenas a nuestro mundo? ¿O simplemente fue el títere de una compleja conspiración para evitar que el gobierno francés de la época cayera en el más sórdido de los escándalos políticos internacionales?

Sea como fuere, mientras los labios de Fontaine sigan sellados, tal vez por miedo, la verdad seguirá siendo un elemento con el que solamente podremos especular.

Fuentes:
*Antonio Ribera, "Contactos y Abducidos". Ed. Contrastes.
*Jacques Vallée, "Revelaciones-Contactos OVNI". 




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