LA REALIDAD OCULTA

TE INVITAMOS A VIAJAR CON NOSOTROS A TRAVÉS DE LA LÍNEA DIVISORIA QUE
SEPARA LA REALIDAD DE LA FANTASÍA.
José María Ibáñez.
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viernes, 6 de diciembre de 2013

EL BELÉN DE "LA SANG"

JOSEP MARÍA OSMA BOSCH

(Foto: Archivo de Josep
María Osma Bosch)
Cada año por estas fechas navideñas, una de las típicas ofertar culturales que ofrece Palma, es la tradicional visita a los belenes de diferente estilo, época y forma de construcción ubicados en varios puntos de la ciudad: Ajuntament, Fundació March, claustro de Sant Antoniet, e iglesias conventuales de Santa Magdalena, San Jerónimo, Santa Clara, Concepción, Carmelitas (Teresas), San Francisco, Capuchinos, Capuchinas... Pero, quizás, el más famoso de todas esas representaciones belenísticas, sin menospreciar a las citadas anteriormente, expuesto de forma fija todo el año, es el de la iglesia de la Anunciación, la del Hospital General, popularmente conocido como de "La Sang". Este belén considerado el más antiguo del Estado Español, fue declarado por el Consell Insular de Mallorca el 3 de marzo de 2003 Bien de Interés Cultural. Sepamos a continuación, como llegó a ser depositado en ese templo epicentrico devocional cristiano de nuestra isla.

Sobre el año 1536, un navío, cuyo flete principal eran figuras escultóricas de los siete misterios de la Madre de Dios, se halló en una gran tempestad que hacía peligrar la embarcación como sus tripulantes y carga a bordo. Domingo Gangonne, capitán del barco, prometió donar uno de los misterios, cualquiera que fuese elegido, donde se descubriera la primera luz de tierra firme en esa noche tenebrosa. Dio el azar que se avistase la lámpara ardiente de la hornacina de Nuestra Señora de las Nieves situada en el convento de Jesús (actual Hospital Psiquiátrico) a extramuros de Ciutat. Horas después, guayándose por esa luz, llegaron salvos a puerto.
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)

Una vez sabida la procedencia de la luz, Gangonne dio a elegir al prior del convento uno de los siete misterios marianos, escogiendo el seráfico el de Belén; pero arrepentido el capitán, le pidió que se llevase otro o ninguno. El fraile prefirió irse con las manos vacías. Una vez desembarcado el religioso, , el navío, con viento favorable para la navegación, intentó hacerse a la mar, pero tras dos intentos se quedó inmóvil. Gangonne comprendió que Dios quería que aquel grupo escultórico se quedase en la isla; y así fue, las figuras se depositaron en el convento de Jesús, a extramuros de la ciudad.

A principios del siglo XVII se fundó en la capilla que albergaba las figuras belenísticas la Cofradía de Nostra Senyora de Betlem, concediéndole el Papa Clemente VIII indulgencias y celebración en el día de la Epifanía del Señor, el 6 de enero, su festividad mayor organizando una procesión con niños ataviados de Reyes Magos.

(Foto: Archivo Josep María
Osma Bosch)
En el año 1836, el convento de Jesús, al igual que muchos cenobios mallorquines y del resto de España, fue exclaustrado por la Ley de Mendizábal, la cual, recordemos, solo permitía un centro religioso de cada orden en una misma localidad; el belén que tratamos, fue trasladado hasta su emplazamiento actual.

Para finalizar este artículo, quisiera dar una descripción de este conjunto monumental belenítico, pero prefiero que sean los mismos lectores de estas páginas que se acerquen a "La Sang", y admiren "in situ" esta joya escultórica de la Natividad del Señor, y como bien reza el refrán. "Vale más una imagen que mil palabras".

MOLTS D´ANYS PER A TOTS!!!






lunes, 25 de noviembre de 2013

LA DULCE GOLOSÍA DE UN REY

JOSEP MARÍA OSMA BOSCH

El pasado día 21, en una de las rutas culturales por el centro histórico de Palma que imparto, organizadas por el Casal de Barri de S´Escorxador, mediante el Ajuntament de Palma, uno de los puntos que visitamos fue el Forn de la Concepció, situado en la calle de Concepció, y delante del mismo, y a modo de sintésis, narré una anécdota protagonizada por el rey Alfonso XIII (1886-1914) en una de sus visitas a Mallorca. Veamos lo sucedido.
Alfonso XIII
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)

El día 17 de mayo de 1886, nacía en el madrileño Palacio Real de la Zarzuela un hijo póstumo del rey Alfonso XII (1857-1885) y de la reina regenta María Cristina de Habsburgo y Lorena (1858-1929), siendo bautizado con aguas del río Jordán, como es costumbre en los miembros de la monarquía española, con los nombres de Alfonso León Fernando María Isidro Pascual Antonio de Borbón y Austria Lorena, pasando a ser conocido en la Historia como Alfonso XIII.

Durante su reinado, iniciado al cumplirse su mayoría de edad para ser entronizado y jurar la Constitución el 17 de mayo de 1902, hasta su derrocamiento y partida hacía el exilio, tuvo a bien visitar en tres ocasiones, y de forma oficial, nuestra isla. Fue en la primera estancia en tierras mallorquinas cuando el monarca protagonizó esta curiosa anécdota.

El 25 de abril de 1902, Alfonso XIII, una vez desembarcado en el puerto de Palma, y ser recibido por las autoridades civiles militares y eclesiásticas en una galera descubierta tirada por caballos ricamente enjaezados para tan magda y real visita. A su lado izquierdo le acompañaba el presidente del Consejo de Ministros, el mallorquín Antoni Maura i Muntaner (1853-1925), quien ocuparía ese cargo en cinco ocasiones a lo largo de su carrera política. Seguidamente, y con una notable escolta militar, el joven rey inició el mismo recorrido por las calles palmesanas, abarrotadas de gente y aclamándole con vítores y aplausos: Born, Mercat, Rambla,Oms, Sant Miquel, Plaça Major, Argentería, Cort, Palau Reial y Catedral, donde se celebró el consabido Te-Deum más tarde, dando después una recepción y almuerzo en el Palacio Real de la Almudaina.

Durante su corta estancia en nuestra isla, pudo degustar la cocina autóctona, quedando encantado con unos pastelillos: los quartos embetumats. Quiso saber donde se elaboraban, Maura le dijo que eran del horno de Cas Donat (actual número 16 de la palmesana calle de la Concepció).Ni corto ni perezoso, Don Alfonso acudió al establecimiento hornero y nombró al propietario, apellidado Miralles, proveedor de la Casa Real. El soberano ordenó al pastelero que le diera la receta de tan rico manjar, pero el artesano, que únicamente en su familia era él que conocía el procedimiento de elaboración, denegó, con todo el respeto y subordinación, la petición regia.

Actual Forn de la Conceoció
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)
En el año 1918, una vez finalizada la I Guerra Mundial, el monarca, organizó una cena para vencedores y vencidos. Pensó que aquellos "quartos embetumats" que tanto le engolosaron para los postres. Telegrafío al gobernador civil de Baleares para que le remitiese gran cantidad de ellos. El gobernador, que no era mallorquín, quedó en gran confusión con lo solicitado por el rey. Días más tarde, Don Alfonso, al ver que no le llegaban sus pastelitos mallorquines, volvió a enviar un telegrama al gobernador de nuestro archipiélago.

También en el Gobierno Civil, los funcionarios no eran nativos, y todos estaban apurados intentando adivinar lo que deseaba el rey. El asunto llegó a oídos de "run-run de Can Brondo", denominación palmesana de "radio calle"; fue el dueño del café Can Tomeu, de la plaza de Sa Font de Ses Tortugues, después Café Oriental y hoy reconvertido en una hamburguesería internacional, quien puso el hecho en conocimiento de Bonaventura Miralles, hijo del repostero de Ca´s Donat, hoy Forn de la Concepció el cual se puso en contacto con su padre, y de forma súbita y sin interrupción, preparó centenares de "habitaciones embadumadas", entregándolas en el Gobierno Civil para ser enviadas a la Zarzuela



viernes, 15 de noviembre de 2013

LA ENIGMÁTICA MUERTE DE UN VIRREY

JOSEP MARÍA OSMA BOSCH

Durante la primera mitad del siglo XVII, Mallorca estaba inmersa en un cáos de orden público; por una parte estaba la guerra abierta desde finales del siglo XV que protagonizaban los Canamunts y Canavalls, clanes poderosos familiares nobiliarios, y por otro lado estaba el terror impuesto por el bandolerismo escenificado por los bandejats, personas que únicamente se dedicaban a sustraer lo ajeno y los bandolers, que a diferencia de los anteriores, eran los realizadores de delitos comunes, asaltantes de caminos y propiedades urbanas y rurales, violadores de mujeres, llegando incluso al asesinato, a veces contratado por esas familias nobiliarias que se mataban entre ellos, como los casos, y sirva de botón de muestra, las muertes en el 1615 de Arnau de Santacilia en la possesió de Alfabia y la del Magistrado de la Real Audiencia Jaume Joan de Berga perpetrado en el 1619.

(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)
A pesar del gran denuedo puesto por el poder legal, en este caso la Justicia y el virrey, a veces la lucha contra esas personas fuera de la Ley hacia imposible su represión, aunque en alguna ocasión daba fruto el trabajo, como la gran batida del año 1666 organizada por el virrey Rodrigo de Borja y LLansol, y en colaboración del pueblo llano y la Iglesia, en la que fueron abatidos muchos bandolers, y capturado un centenar: 73 de la parte de los Canamunts y 27 pertenecientes a los Canavalls, entre ellos el famoso Moyana, natural de Montuïri y autor de más de dos docenas de asesinatos.

El 22 de octubre de 1644, un nuevo virrey, designado por el propio rey Felipe IV, llegaba a Ciutat de Mallorca; se trataba de José Pérez de Pomar y Torres de Mendoza, noble aragonés con fama de hombre enérgico y de mano dura. Al maño le acompañaban dos personas: su joven esposa, Teresa María Gómez de Sanabria y de Ponce de León, futura co fundadora en el año 1662, del convento, en Ciutat, de las Capuchinas de la Purísima Concepción; y del procurador real Miquel Sureda i Vivot. A bordo de un carruaje, y escoltado por tropa armada, tras recorrer algunas calles de la ciudad, prestaba juramento de su nuevo cargo en la Seu.

El nuevo virrey pronto se puso manos a la obra para el cargo que se le había encomendado. Él mismo sacó de un navío a un bandoler, violador de mujeres, que intentaba escaquearse junto a otros indultados, dándole horca; a otro forajido, Pere Venteyol, lo extrajo, a pesar del asilo eclesiástico de la iglesia de els Dolors de Manacor, y tras darle muerte a garrote vil lo devolvió al templo; este atrevimiento le valió ser mal visto por la vicaria general y excomulgado por el obispo Tomás de Rocamora; para su perdón, el virrey tuvo que abonar 400 lliures mallorquines y una lámpara de plata, más una manda pía a la viuda del malhechor para sufragio de misas por su alma.

Al anochecer del 20 de julio de 1645, nuestro aguerrido virrey, con una fuerte escolta y acompañado por magistrados, estando en persecución de unos bandolers por un camino de ronda alto de la muralla, entre la Porta Pintada (actual Plaza de España)y el baluarte de Sanoguera (frente al convento de Capuchinos),y según versión oficial, se le desbocó el caballo precipitándose los dos al foso de la fortificación defensiva; el equino falleció al momento y tres días más tarde lo hacía el virrey.

(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)
Otras versiones del suceso, en boca de la Vox populi, dicen que al caballo se espantó con una sombra proyectada por la luna; otra que José Pérez de Pomar... sufrió un atentado al ponerle azogue en las orejas de su caballo, y la más popularizada, es la que el virrey, amparándose en la noche, salió a escondidas a un encuentro amoroso por la possesió (predio) de la Vinyassa (actual calle homónima).

Las horas transcurridas del virrey luchando contra la muerte, en todos los templos de la ciudad se ejercían rogativas para su sanación; incluso se tiene constancia que más de mil mujeres, algunas auto disciplinándose, posesionaron por las calles de Ciutat; presidía la manifestación la milagrosa imagen de la Santa Faz, cuya custodia se halla en el monasterio de las Madres Agustinas del Amparo, en la palmesana calle de la Concepció.

Hoy en día, en la esquina de la avenida Alexandre Rosselló, con la calle Gilabert de Centelles, hay una cruz de piedra, aunque algo desplazada del lugar exacto del suceso, y en cuya inscripción nos recuerda la enigmática muerte del virrey:

MURIO DE AQUÍ DES
PEÑADO A CAVALLO
D. IUSEPE DE TORRES
VIREY. AÑO 1645.





domingo, 3 de noviembre de 2013

LA MANO DEL MORO (SA MÀ D´ES MORO)

JOSEP MARÍA OSMA BOSCH

Que succeí á na María                     Que le sucedió a María
Amb so moro, he sabre prést:          Con el moro, lo sabré pronto:
Per are bastará sabré                      Por ahora bastará saber
Que desde es primé moment            Que desde el primer momento
Es qu´es véran dins a casa              Cuando se vieron dentro de la casa
Aquells pareya d´estornells              Aquella pareja de estorninos
Cadascú amb malicia ò sense           Cada uno con malicia o sin
Se digue per sí mateix:                    Se dijo para sí mismo
--¡Ay, quina atl´ta mes guapa!          --¡Ay, que chica más guapa!
--¡Jesús, quin jove més bell! (*)         --¡Jesús, que joven más hermoso!


Calle de la Mà del Moro en Palma
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)
Casi a mediados del siglo XVIII, el presbítero Martí Mascort, su sobrina María y una criada, moraban en una casa de la calle Montenegro. De súbito, su vida económicamente cambió por completo al hallar, tras unos trabajos de albañilería en su hogar, dos ollas rebosantes de monedas de oro; con parte de ese dinero, adquirió un esclavo moro.

Ahmed, que era como se llamaba el esclavo, con su aspecto varonil y de buenos modales, no tardó en conquistar el corazón de María, jurando por Alá llevarla a su país, donde su padre era el rey, allí se casarían y después, pasado un prudencial tiempo, volverían a Mallorca para solicitar el perdón de su tío, el cura Mascort.

Tras haber planeado la huida, decidieron que sería antes del toque de queda del 18 de octubre de 1731. Llegó ese día y al embarcar al navío, en el cual ya tenían apalabrado el pasaje, el patrón les solicitó más dinero de lo acordado. En ese momento, Ahmed recordó la olla de monedas del presbítero y amparándose en la oscuridad de la noche, entró en el dormitorio de Martí buscando el tesoro, pero a pesar de su sigilo, el sacerdote se despertó chillando. Fue cuando el agareno lo acuchilló sin piedad hasta acabar con su vida. Solo habían transcurrido unos segundos cuando, al intentar huir, fue detenido por la ronda de alguaciles, sus manos llenas de sangre lo delataron; por su parte, su amante, fue llevada a un convento de clausura donde permanecería hasta su óbito.
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)

Ahmed, después de ser detenido y delatado por los vecinos del cura, fue torturado y confesó su crimen. El 15 de noviembre del mismo año, se le notificó la sentencia a pena capital, previa arrastación de su cuerpo y amputación de la mano derecha, con la que había cometido el crimen. El moro, queriendo evitar en vida ese suplicio, se convirtió al cristianismo, siendo bautizado y apadrinado por el alcaide de la cárcel y la esposa de éste. Tras haber recibido el sacramento, fue subido al patíbulo instalado en el Born donde dando la espalda al gentío allí congregado, fue ejecutado.

Una vez sin vida, se le cortó la mano diestra, que fue depositada dentro de una hornacina enrejada en la fachada donde se produjo el asesinato. Su cuerpo fue despedazado para posteriormente ser quemado en el lavadero del monasterio de Itria, cenobio que se hallaba a la mitad de la actual calle de 31 de Diciembre. Su cabeza fue expuesta públicamente en Es Born.

Sobre su mano cortada, hay quienes aseguran que permaneció muchos lustros a la vista de los visitantes; según el Archiduque Luis Salvador de Austria en su libro "La Ciudad de Palma", nos dice que en el año 1880 al visitar la mano cortada de Ahmed, la hornacina estaba vacía. Hay gente que asegura que por las noches en la calle de Sa Mà d´es Moro, más que calle es un estrecho y corto callejón que enlaza las calles de Estanc y de Montenegro, cuya nomenclatura ya se halla documentada a finales del siglo XVIII, perciben extraños ruidos y que el espectro de Ahmed, sin su mano derecha, deambula como alma en pena.

(*) Fragmento de la Rondaya Histórica "Samá des Moro", Revista Crónica "L`Ignnorancia", nº 88, febrero de 1881.




miércoles, 9 de octubre de 2013

SANT CABRIT Y SANT BASSA (CATEDRAL DE MALLORCA)

JOSEP MARÍA OSMA BOSCH


Cabrit i Bassa (Óleo Miquel Bestard, Ajuntamnet de Palma)
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)
La Catedral de Mallorca, además de ser uno de los más importantes inmuebles religiosos góticos de la Edad Media, también lo es por poseer una gran cantidad de reliquias atribuidas a jerarquías celestiales, como son, y a modo de ejemplo, un dedo del apóstol San Pedro, parte de la piel de San Bartolomé, leche de la Virgen María, cabellos de Cristo, una porción de la Cruz, la esponja que bebió Cristo, una flecha que recibió San Sebastián en su cuerpo, un dedo de San Juan Bautista, una costilla de San Vicente Ferrer, dientes de Santa Eulalia... y los restos mortales de Guillem Cabrit y Guillem Bassa, dos mallorquines que murieron trágicamente por defender a su Reino de Mallorques y a su rey Jaume II, y es que se hallan sepultados dentro del altar de Nuestra Señora de la Piedad, situada entre el antiguo arco del trascoro y la Sala Capitular, y representados pictóricamente de forma decimonónica en el retablo de esta capilla.

El 5 de noviembre de 1285, Ciutat de Nallorques se rendía el rey Alfonso III de Aragón "el Liberal", monarca que había invadido el reino insular como represalia a la ayuda prestada por el rey Jaume II, quien en esos momentos se hallaba en Perpinyá, capital continental de su reino, a los franceses dándoles paso por los territorios mallorquines del Rosselló con la finalidad de penetrar en Catalunya por Girona. Pero no toda la isla se sometió al aragonés rindiéndole vasallaje y juramento, tal era el caso de la guarnición del castillo de Alaró, fortaleza roquera llamada en tiempos de la dominación islámica "Hisn al `Arun", es decir "fortaleza de los cristianos", cuyo nombre aparece en la crónica de Al Zuhri donde relata la conquista omeya a la isla en el año 902.
Castillo de Alaró (Foto: Archivo Josep María Osma Bosch

El propio Alfonso, al tener noticias de este foco de resistencia, se personó a la puerta del castillo exigiéndoles la rendición incondicional. Los defensores se negaron, y según se cuenta en el "Brevari mallorquí", libro eclesiástico medieval y del cual se conserva un único ejemplar depositado en el convento de Santa Magdalena de Ciutat, los defensores y el rey aragonés mantuvieron un diálogo, cuya traducción aproximada del catalán medieval al castellano es el que sigue:

-¿Quién ordena rendir sin condiciones el castillo?
- Amfós (mero en catalán), rey de Aragón  y de Mallorques. Amfós, es un pez y se come con salsa, y nosotros no tenemos otro rey más que Jaume II, a quien prestamos juramento de fidelidad -replicaron los sitiados-.
-¿Quién eres tú? -preguntó el aragonés.-
-Guillem Cabrit y mi compañero Guillem Bassa.
- Te juro, Cabrit -dijo el rey Alfonso- que tal como tu apellido, te aré asar encima de un fuego.

Días después, los mallorquines desmoralizados, hambrientos y enfermos, se sometieron a la voluntad del enemigo. El monarca invasor tras ordenar agrupar a los prisioneros, preguntó a éstos quienes eran Cabrit y Bassa:

- Yo soy Cabrit, vasallo de Jaume II de Mallorques, y mientras viva le seré fiel.
- Yo soy Bassa, y hago mías las palabras de mi compañero.

El soberano de Aragón, ante esas palabras de los dos mallorquines, sentenció:

- Palabra os dí, y palabra de rey no miente. Así que Cabrit (cabrito en catalán) te asaré como a un cabrito, y tu Bassa, lo secundarás y no serás charco (bassa en catalán) que apague el fuego que yo mismo encenderé.

El rey mandó hacer una gran hoguera, y sobre ella pusieron atados y atravesados con hierros candentes a los dos héroes, cuyos cuerpos se fueron consumiendo, siendo recogidas sus cenizas por una mano anónima. 

Nicolás IV, papa reinante es esa época, al tener noticia del funesto episodio, excomulgó al monarca usurpador, dándole más tarde el perdón a cambio de erigir un altar en la Seu de Mallorca en honor de los que había asesinado y depositar en él sus reliquias.

Guillem Cabrit y Guillem Bassa recibieron en esa ara catedralicia culto y fueron honrados como santos durante muchos años. Su festividad se celebraba por Tots Sants, el 1 de noviembre.




viernes, 6 de septiembre de 2013

EL SANTO CRISTO DEL NOGAL (SANT CRIST DEL NOGUER)

JOSEP MARÍA OSMA BOSCH

Foto: Archivo Josep María Osma Bosch
El conjunto conventual de Nostra Senyora de la Concepció, de las Mares Agustines del Ampar, situado en la palmesana calle de la Concepció, tiene su origen en el monasterio del Puig de María de Pollença. En el año 1564, debido a los periódicos ataques de piratas que asolaban las costas pollencinas, el obispo Diego de Amedo ordenó que las religiosas se trasladasen a la capital de la isla, alojándose en primera estancia en el Hospital de Sant Antoniet (calle Sant Miquel) y doce años después, al serles donadas varias casas fundaron el actual cenobio.

La fábrica de la iglesia se empezó a construir en 1614. A raíz del Decreto del 8 de marzo de 1836, por el cual el Estado se expropió por todo el país de muchos cenobios, el de la Concepció vio incrementado el número de religiosas con las que moraban el también agustino de Santa Margalida, antiguo Hospital Militar de Palma; en el traslado a su nueva residencia, esas monjas expropiadas se llevaron sus enseres e imágenes sagradas, entre las cuales se hallaba el Sant Crist del Noguer, una talla de un crucificado hallada de forma milagrosa y que se halla en la doble tercera capilla de la parte del Evangelio, y de cuyo hallazgo veremos a continuación narrado por Ramón Medel, en su "Manual del Viajero en Palma de Mallorca", editado por la Imprenta Balear de Palma, en el año 1849, relato que tradujo del mallorquín del "Llibre de la miraculosa figura del Sant Crist del Noguer" escrito por Sor Margalida Bauzá, a la sazón superiora del Convento de Santa Margalida.

"Una religiosa que quería fabricar una efigie del Crucificado pidió a una mujer de la calle Dels Olms, llamada Catalina Nadal que le vendiese un nogal que tenía en su huerto. Esta mujer se escusó á la venta porque el valor de las nueces le ayudaba a pasar la vida. Al día siguiente esperanzada la mujer en su cosecha vió con el mayor dolor que el nogal solo hizo una nuez y un huracán echó por tierra el árbol. Cogida la nuez la presentó a la religiosa y le dijo mandase a por el nogal. De su tronco salió la maravillosa efigie de Ntro. Redentor que fue llevado en procesión á Santa Margarita"

Pero eso no es todo, Medel omite que al abrir la nuez, apareció en una de sus partes la figura de Cristo flanqueado por la Virgen María y San Juan Evangelista, y en la otra parte, Ntra. Señora de los Ángeles (ver imagen adjunta); al extraer la talla del nogal se rompió uno de sus dedos.
Foto: Archivo Josep María Osma Bosch

Entre los innumerables milagros que se le atribuyen, y para no hacer muy largo este artículo, citaré algunos que se hallan descritos en el libro "Portentos del Santo Cristo del Nogal", escrito por el fraile trinitario Miguel Ferrer, Imprenta Trias, de Palma en 1848: la curación científicamente incurable que sufría Sor Isabel D´Oms, la salvación de Fray Gabriel Xamena que salvó su vida al caer de un andamio cuando realizaba trabajos de albañilería en la palmesana iglesia conventual de Nostra Senyora de la Mercé; y la gran lluvia caída en la capital balear tras una gran sequía en 1691; la curación de Margalida Socias por una fiebres ocasionadas por una semilla de algarroba que entró en uno de sus oídos; la curación de una niña llamada María Buades Cañellas que padecía parálisis total; y seguramente el de más devoción es que inclina su cabeza cuando el Viernes Santo coincide con la festividad de la Anunciación de la Virgen María, es decir, el 25 de marzo. 

Hoy en día, tras una restauración completa de la talla hace un lustro, se puede venerar dentro de un retablo, bendecido en cuyas palabras, y de forma pictórica, se puede seguir su historia o leyenda.

Además del Sant Crist del Noguer, en la iglesia conventual de la Concepció están depositadas otras venerables reliquias, como los restos mortales de la Venerable Sor Catalina Maura de Santo Tomás de Villanueva, una pintura de la Santa Faz, que originó la festividad de la Fira del Ram y que se expone en el templo cada Domingo de Ramos.

lunes, 26 de agosto de 2013

LA TRAGEDIA DEL "MIRAMAR"

JOSEP MARÍA OSMA BOSCH

El pasado día 6 de este mes de agosto, fui invitado por nuestro buen amigo José María Ibáñez Gandía a participar en "Abierto por Vacaciones", uno de los espacios radiofónicos que de forma excelente presenta y dirige. En esa intervención hablé de uno de los dos epicentros devocionales católicos de Mallorca, el Sant Crist de la Sang (Santo Cristo de la Sangre), y en un momento de la entrevista salió el tema de la larga lista de ex votos que posee esa milagrosa imagen, y uno de ellos, el que más me impresionó durante mi infancia observaba esas muestras de agradecimiento por sus favores recibidos que se podían ver en su camarín, era una larga cuerda que perteneció a un navío de matricula mallorquina que sufrió un trágico naufragio pereciendo varias personas, me refiero al "Miramar".
Naufragio del Miramar
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)

El 10 de febrero de 1918, la prensa de Palma daba la luctuosa noticia del naufragio en la madrugada del día anterior en aguas del Mar Cantábrico del vapor Miramar, uno de los buques más emblemáticos de la "Isleña Marítima", naviera que después se fusionó con la "Compañía Transmediterránea", propiedad del financiero Joan March Ordinas. La nota de prensa consternó a toda la ciudad y de forma concreta al arrabal de pescadores y marineros de Santa Catalina, de donde procedían cinco de las diez personas que fallecieron en su hundimiento: el capitán Jorge Bennasar Juan, el sobrecargo Antonio Company Vich, el pañolero Jaime Garcia Garcia, el fogonero Antonio Pujol Garcia y el marinero Nicolás Vivó Palerm, barriada de extramuros de la ciudad de la cual me siento orgulloso de haber nacido en uno de sus más idílicos lugares, en Es Jonquet, y que nada tiene que ver en la actualidad con aquella época de antaño. Veamos las causas que produjeron ese trágico suceso.

Construido en el año 1903, en los astilleros de Odero de Sestri Ponente, en Génova (Italia), fue botado el 17 de diciembre de ese mismo año, llegando a Palma de Mallorca veinte días después y ser matriculado en esta misma ciudad. Sus características principales eran: peso de desplazamiento de 1.750 toneladas, unas medidas de 81,7 metros de eslora y 11,7 de manga, una velocidad máxima de 17 nudos, y con capacidad para 206 pasajeros. Fue destinado para cubrir el servicio lineal de Palma a Barcelona y viceversa. 

Años más tarde, a finales de la I Guerra Mundial, junto con otros navíos, fue pintado de negro y transformado en buque de transporte de carbón desde la parte norte de nuestro país suministrándolo a los puertos nacionales que era solicitado; dejaba de ser aquel vapor romántico que por sus lineas bellas y comodidades de abordo fue conocido popularmente como "el cisne del Mediterráneo"

Pocos días antes de irse a pique nuestro buque, zarpaba del puerto gijonés de Musel rumbo a Cádiz con sus bodegas repletas del mineral compacto de origen vegetal tan necesario en esa época tanto en hogares particulares como áreas industriales. A la diez horas de navegación, estando ya en aguas coruñesas, se desencadenó una fuerte tormenta con gran viento que hizo romper el timón de la nave haciendo imposible el pilotaje de la misma y llevándola a embarrancarse contra los atolones conocidos por "Los Aguilones"

La tripulación que pudo ponerse a salvo lo hizo amarrándose a gruesas cuerdas que los aldeanos les lanzaban desde sus pequeñas embarcaciones, una de esas cuerdas fue entregada a modo de ex voto por los supervivientes al Crist de la Sang una vez llagados al puerto palmesano, los cuales, en acto de agradecimiento a esas gentes solidarias, les donaron la campana de su siniestrado buque, campana que sigue estando en el campanario de Aldea de Cariño, pequeña localidad costera cercana al lugar del naufragio.
Juan Singala, capitán del Miramar
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch

Una vez conocida la fatal noticia, y al no poder ser trasladados los fallecidos a Mallorca, fueron sepultados en esa aldea situada en la ribera de la Ría de Ortigueira, celebrándose en Palma varios funerales por el sufragio de sus almas y organizándose rifas, suscripciones bancarias y actos benéficos para poder paliar la economía de sus familias. Años después, en agradecimiento al acto de humanitarismo de esa localidad cantábrica, el ayuntamiento de Palma dedicó una de sus vías públicas, entre la parroquia de San Sebastián y el vetusto y abandonado estadio "Lluis Sitjar", actualmente titulada de "Port de Cariño"

Una comisión de la "Isleña Marítima" al mando del capitán Damián Rigo Mir acudió al lugar del siniestro para evaluar los daños materiales, viendo que era imposible la recuperación total del buque únicamente pudieron sacar de su interior algunos enseres y su caldera, la cual fue reinstalada años más tarde a otro buque de la compañía.

A modo particular, pienso, y seguramente la opinión será compartida por muchos lectores de este Blog, que cada 9 de febrero, aniversario del mortal accidente marítimo, tanto nuestros estamentos oficiales como la "Transmediterránea", que al fin y al cabo el "Miramar" pertenecía a su flota, deberían honrar con una corona de laurel en la bahía palmesana o imponerla en una de las lápidas pétreas que nomenclatura esa calle en memoria de los hombres que perdieron la vida en el cumplimiento de su deber en el mar lejos de su tierra natal y de aquellas gentes de la pequeña aldea de pescadores gallegos que arriesgando sus propias vidas pudieron salvar otras.