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José María Ibáñez.

viernes, 28 de agosto de 2026

¿DÓNDE ESTÁ LA TUMBA DE DRÁCULA?

 José María Ibáñez

Foto: clarin.com


Durante siglos se creyó que Drácula fue enterrado en el Monasterio de Snagov, uno de los lugares más inquietantes y cargados de folclore de Rumanía; un pequeño y abandonado santuario ortodoxo situado en una isla del lago del mismo nombre, al norte de Bucarest, célebre por la leyenda de que allí yace Vlad Tepes, el príncipe valaco que inspiró al Conde Drácula. Cuando se excavó la supuesta tumba, en su interior solo se hallaron restos de animales.

Muchos historiadores creen que Vlad Tepes, en realidad, fue enterrado en el Monasterio de Comana, fundado por él mismo alrededor de 1461, no nació como un simple centro religioso; era monasterio fortaleza, parte de una red defensiva contra otomanos y bandidos. Su ubicación, en una zona pantanosa, rodeada de bosques y humedales, lo convertía en un enclave difícil de atacar y fácil de ocultar. Más adelante, otras hipótesis apuntaban, por ejemplo, al cementerio parisino de Pere Lachaise.

Una suposición más reciente plantea que la tumba de Drácula podría estar, nada más y nada menos, que en la ciudad italiana de Nápoles. Se trata de una de las teorías históricas más llamativas de los últimos años. Aunque no está confirmada, ha ganado mucha fuerza gracias a la interpretación de las inscripciones y los símbolos hallados en una tumba situada en el centro histórico de la ciudad.

Efectivamente, en el complejo monumental de Santa María la Nova, en pleno corazón de Nápoles, se encuentra la capilla de Turdolo, donde yace un sepulcro renacentista decorado con un dragón, inscripciones en latín adulterado y esfinges y símbolos egipcios. Estos elementos, al parecer, no encajan en la iconografía napolitana del siglo XVI, y han despertado el interés de los investigadores desde 2014.

Según esta hipótesis, Vlad III de Valaquia, conocido como Vlad Tepes o El Empalador, no habría muerto durante una batalla, como afirma la versión tradicional. En realidad, habría sido capturado por los otomanos y posteriormente liberado por su hija María Balsa, quien habría sido adoptada por una familia noble napolitana. Tras la muerte de su padre, María lo habría inhumado en el mausoleo de su suegro, Matteo Ferrillo. 

Un equipo multidisciplinar de investigadores italianos y estonios logró descifrar una enigmática inscripción grabada en la tumba, interpretada como un elogio fúnebre a un príncipe del Este, capturado por los turcos y rescatado por su hija. Aunque no se menciona explícitamente a Vlad III, las coincidencias geográficas no dejan de ser llamativas. La tumba contiene elementos iconográficos inusuales en la ciudad de Nápoles de aquella época: un dragón, símbolo de la Orden del Dragón, a la que pertenecía Vlad III.

Por otro lado, historiadores escépticos señalan que no existen pruebas de que María Balsa fuera realmente la hija de Vlad III. La presencia de símbolos exóticos en tumbas renacentistas no es tan usual como parece. La teoría podría ser una reinterpretación moderna influida por el atractivo del mito.

Si la historia fuera cierta, reescribiría una parte importante de la biografía de Vlad III, situando su tumba no en Rumanía, ni en París, sino en una iglesia napolitana. Por ahora sigue siendo una teoría fascinante, apoyada por indicios simbólicos y epigráficos. La hipótesis gana fuerza, pero aún no existe una confirmación definitiva.


FUENTES CONSULTADAS:

*www.jpost.com

*www.finestreullarte.info

*muyinteresante.okdiario.com

*www.msn.com

*www.supercurioso.com

*www.clarin.com

 

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