Amado Carbonell
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De todos los edificios que adornan el paseo marítimo de la
ciudad de Palma de Mallorca, el de la Catedral de Santa María es el que más
llama la atención a los turistas y visitantes que deciden pasear por el casco
antiguo de la ciudad.
Su construcción se inició junto a la orilla del mar
Mediterráneo en el año 1229 a causa de la promesa que el Rey Jaime I hizo a la
Virgen María, pues si esta les salvaba de morir en medio de un temporal durante
su travesía marítima días antes de llegar a tierra firme y dar comienzo a la
reconquista de Mallorca, le construiría un templo únicamente dedicado a ella;
la obra se finalizó en 1346, dando como resultado un hermoso y vetusto edificio
que parecía una gran nao fondeada frente a la capital mallorquina. Actualmente
la catedral está rodeada por el Parque del Mar, protegiendo de ese modo al
edificio del gran oleaje marino durante las tempestades de invierno, pero aun
así, verla desde el mar antes de entrar al dique del Oeste de Palma, es un
espectáculo digno de ser admirado.
La apariencia que vemos hoy en día de la catedral no es la
misma que tenía durante el final de su construcción, ya que la fachada
principal que está orientada hacia el cardinal Noroeste-Oeste cayó a causa del
terremoto de 1851, siendo ésta reconstruida de nuevo, añadiendo dos grandes
torres más resistentes y elevadas y un pequeño rosetón donde antes había una
pequeña vidriera, aunque el pórtico de la fachada se mantuvo con los elementos
originales.
El edificio principal consta de tres naves, las naves laterales
o del deambulatorio, cuyos muros exteriores se sostienen gracias a los hermosos
y resistentes arbotantes y contrafuertes que se observan desde el exterior de
la catedral; y entre ambas, se encuentra la nave central, donde su elevación
interior máxima es de
Aunque el elemento que más llama la atención de la nave
central es el gran rosetón, situado en el muro Sudeste-Este de la catedral,
cuyos 13.8 metros de diámetro le otorgan el honor de ser el rosetón más grande
de todo el mundo gótico, y uno de los más grandes del cristianismo. Este
rosetón es conocido como “El ojo del gótico”.
Su construcción se realizó en el año 1370, en aquellos años
todavía no contaba con los coloridos vidrios que a día de hoy lo adornan, pues le
fueron añadidos a lo largo del siglo XVI.
Como curiosidad, el rosetón está situado sobre el presbiterio
y cuenta con una estructura con la forma de la estrella de seis puntas o Estrella
de David, la cual le dan forma 24 triángulos más pequeños a través de sus
tracerías. La vidriera está formada por 1.115 vidrios tallados uno a uno, de
los cuales, 462 son de color rojo, 240 verdes y 216 azules, el conjunto de los
mismos hacen que cuando la luz del Sol lo atraviesa, se convierta en un
verdadero espectáculo de luz.
Dicho espectáculo alcanza el punto álgido durante los meses
de otoño e invierno, ya que la orientación de la catedral, muy similar a la de
los templos egipcios como el de Abu-Simbel, el monumento megalítico de Stonehenge, o la ciudad perdida de Petra.
Tras el amanecer de los días 11 de noviembre y 2 de febrero,
el Sol atraviesa el rosetón mayor y proyecta su luz sobre el muro interior de
la fachada principal, formando el espectáculo de luz conocido como “el 8 de La
Seu”, el cual, aunque varios sectores de matemáticos baleares han escrito
textos sobre este fenómeno, alegando que simplemente es una casualidad
arquitectónica, los constructores de catedrales conocían a la perfección los
pasos del Sol y habían estudiado su elevación sobre el horizonte durante los
meses en los que se encuentra más bajo, para de ese modo poder orientar
correctamente el edificio en construcción y hacerlo coincidir en momentos clave
cuando el Sol se alinea con él y los rayos de luz lo atraviesen, ya que la
mayoría de catedrales basan sus orientaciones y juegos de luces a través de las
vidrieras en ritos solares heredados a lo largo de siglos desde la época del
antiguo Egipto.
El espectáculo más interesante lo encontramos durante los
días del solsticio de invierno, cuando la luz del Sol tras aparecer por detrás
del horizonte Este, atraviesa por completo la catedral, incidiendo desde el
rosetón mayor y saliendo al exterior a través del rosetón menor. Si observamos
este fenómeno situados en la terraza del museo de arte del Baluard, podremos
ver el bello efecto lumínico, donde el interior de la catedral parece estar
totalmente en llamas, curiosamente esta fecha coincide con la del “Sol
Invictus” o retorno del Sol hacia el hemisferio norte.
Si en ese preciso instante nos encontramos dentro de la
catedral, observaremos como la luz baña por completo el rosetón menor, el cual,
con sus tonos rojizos representa a una de las máximas expresiones esotéricas que
encontramos en la catedral, pues en él se esconde el mensaje más importante que
nos ha otorgado la madre naturaleza.
Dicho “mensaje” lo encontramos simbólicamente de nuevo en la
fecha del día 2 de febrero, día de la Candelaria o día de Brígida (Nombre de la
Diosa Celta Brigith cuya festividad pagana es el mismo día dos de febrero) y
momento en que se produce el segundo “8” de la época fría, pues ya dejamos
atrás el crudo invierno y la vida renace sobre la faz del hemisferio
septentrional, renovando así el ciclo de la vida.
Para muchos visitantes, ya sean residentes en la isla, o
turistas que quieren conocer un poco más la historia de la capital Balear, la
Catedral de Santa María, su estructura y tamaño, decoración, y sobre todo el
rosetón mayor, son una maravilla
arquitectónica de la época medieval; pero para las personas que nos gusta
profundizar en su historia, sus símbolos y lo que realmente representa para la
humanidad, dista mucho de todo aquello que conocemos como “religión”, pues solo
el tiempo es testigo mudo de todos y cada uno de los secretos de la Catedral de
Palma de Mallorca.
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