José María Ibáñez
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El metro de Londres esconde muchos secretos. De GagiardiPhotography. Shutterstock.com. |
Geoff Platt, un ex agente de Scotland Yard, publicó en el año
2015 un libro titulado “The London Undergtound Serial Killer”, donde revela que
sus superiores decidieron hacer la vista gorda cuando Kiernan Kelly, un
vagabundo violento y alcoholizado que vivía a salto de mata en el barrio de
Clapham Common, al sur de Londres, confesó haber cometido dieciocho asesinatos
en los años setenta, arrojando a sus víctimas a las vías del metro, y
decidieron ocultarlo por miedo a desencadenar una ola de pánico entre los
habitantes de la capital.
La confesión del presunto asesino en serie del metro
londinense se remonta a 1984, cuando Kiernan fue arrestado por hurto menor y
desorden público, y encerrado en una celda junto a otro sin techo, William
Boyd, al que asesinó golpeando salvajemente su cabeza contra el suelo y
estrangulándolo con unos calcetines, porque roncaba.
En su confesión, explica el autor, "Kelly había reconocido
que sentía odio hacia sí mismo por su atracción hacia los hombres, y pasaba la
mayor parte del día en compañía de otros mendigos en Clapham Common, un parque
de ochenta y nueve hectáreas que durante los últimos años ha servido para
albergar el Hard Rock Calling Festival en sustitución de Hyde Park”.
El autor manifiesta que ha escrito y publicado el libro para denunciar el pacto de silencio impuesto sobre el caso. Ya que él personalmente dirigió el interrogatorio y, aunque en principio, tuvo dudas de lo confesado por el vagabundo, comprobó que en efecto se habían producido un número inusual de suicidios, la mayor parte, en la línea Northem, a su paso por el barrio de Claphman, que en la actualidad une los extremos de High Barnet, Edgware y Morden. Descubrió que muchos de los casos considerados como meros suicidios encajaban con las descripciones del sin techo, que algunos testigos vieron rondar cerca de la escena del crimen, a veces incluso como testigo del suceso y cuyos actos coincidían con sus permisos penitenciarios.
Kiernan Kelly, el presunto asesino en serie, en 1984, dos
años antes de asesinar brutalmente a su compañero de celda, ya fue acusado de
intentar empujar a un anciano a las vías del metro en la estación de
Kensington. Pero al parecer, no todas sus víctimas acabaron en las vías del
metro. Su primera víctima fue un anciano llamado Héctor Fisher al que apuñaló
en el cuello y en la cabeza en el interior del West Nowood, el Cementerio
Metropolitano del Sur de Londres. La segunda fue Maurice Weighly, de setenta y
ocho años, cuya cara y genitales habían sido mutilados. Sin embargo, la policía
nunca encontró las pruebas necesarias para culparlo de ambos crímenes y quedó
en libertad por falta de pruebas. Finalmente fue condenado a cadena perpetua
por el asesinato de su compañero de celda.
A raíz de la publicación del libro, fuentes de la BTP
(Policía del Transporte Británico) declararon al rotativo The Dally Star que
eran conscientes de las afirmaciones del ex miembro de Scotland Yard, “pero
dado el tiempo transcurrido desde que supuestamente ocurrieron los asesinatos,
resulta muy difícil, casi imposible, sustentarlas”. Fuentes policiales añaden
que en su día las investigaciones pudieron verse dificultadas ya que todavía no
se habían instalado los circuitos cerrados de televisión, que actualmente
controlan cada recoveco del metro londinense.
Ni que decir tiene que las malas lenguas se preguntan si
Geoff Platt, autor del libro, está contando toda la verdad o simplemente se
limita a exagerar los hechos con la única intención de vender más libros.
Kiernan Kelly llegó a Londres en 1933 procedente de Dublín,
Irlanda y, de ser verdad la historia que se cuenta en el libro, estaría considerado
como uno de los asesinos en serie más prolíficos de la historia del Reino Unido.
Fuentes:
*elconfidencial.com.
*abc.es.
*Archivo de Historias Olvidadas.
*La Mano Negra.
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